La positividad amplía y construye
A diferencia de las emociones negativas, que limitan
nuestras ideas acerca de las acciones posibles, las emociones positivas hacen
lo contrario: amplían nuestras ideas sobre las posibles acciones, con lo que
abren nuestra conciencia a un registro más amplio de ideas y acciones. La alegría,
por ejemplo, suscita el impulso de jugar y ser creativo. El interés despierta
el impulso de explorar y aprender, mientras que la serenidad desata el impulso
de degustar nuestra situación presente e integrarla dentro de una nueva manera
de vernos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.
La positividad nos abre. La primera verdad esencial acerca
de las emociones positivas es que abren nuestra mente y nuestro corazón y nos
hacen más receptivos y creativos.
La positividad nos transforma. Al abrir nuestra mente y nuestro
corazón, las emociones positivas nos permiten descubrir y desarrollar nuevas habilidades,
nuevos lazos, nuevos conocimientos y nuevos modos de ser.
La verdadera búsqueda de la felicidad está en buscar la
positividad diariamente, donde sea que estemos. Nuestra positividad diaria
aumenta a cada momento, y con ella forjamos la vida que queremos.
Cambia literalmente nuestra manera de ver la vida. Expande nuestro modo de ver el mundo. Con positividad florecemos y asimilamos más.
Las 10 formas de la positividad son: alegría, gratitud, serenidad, interés, esperanza, orgullo, diversión, inspiración, sobrecogimiento y amor.
La proporción de 3 a 1
Experimentar una positividad del 100% desafía y niega nuestra
esencia humana. Por eso la receta que sugiero es más sensata: aspirar a una
proporción de positividad de al menos 3 a 1. Esto significa que por cada
experiencia emocional negativa que tengamos que enfrentar, vivamos al menos
tres experiencias emocionales positivas que nos reanimen.
La negatividad es importante. Nadie puede florecer sin ella.
La proporción de positividad de 3 a 1 es lo suficientemente amplia como para
abarcar toda la gama de las emociones humanas; no hay ninguna emoción que deba
ser rechazada o suprimida.
Experimentar la positividad
Depende fundamentalmente de
nuestro modo de pensar. Una forma de practicarla es preguntarnos:
¿Qué hay de bueno en mi situación presente? ¿Por qué soy
afortunado de estar aquí? ¿Qué aspecto de mi situación presente puedo ver como
un regalo preciado? ¿En qué me beneficia esto a mí y a los demás?
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